lunes, enero 19

Poesía, Novalis

«El don del discernimiento, el juicio puro, cortante, sólo con suma prudencia puede aplicarse a los hombres, si no quiere herir de muerte y suscitar un odio general. 

El entendimiento es odioso, en parte por la tristeza que produce el arrebatarnos un error que nos consolaba, pero también porque nos provoca el sentimiento de estar siendo víctimas de una injusticia. Y esto es así porque el juicio más exacto, al separar lo indivisible, al hacer abstracción de todo cuanto arropa un hecho, las circunstancias, el territorio, la historia, etc., se acerca en exceso a la naturaleza misma de la cosa, la estudia como fenómeno aislado y olvida que se trata de un miembro perteneciente a un conjunto en cuyo interior adquiere su auténtico valor.

Es esta mezcla de verdad agresiva y error insultante lo que hace que el entendimiento sea tan hiriente. La poesía cura las heridas producidas por la razón. Ya que en ella se componen dos elementos contradictorios: la verdad que supera y la ilusión que encanta».

miércoles, septiembre 10

Autorretrato con radiador, Christian Bobin

Lentitud, perfecta lectora.

La muerte está en la precipitación como en su casa. La lentitud, por el contrario, la sorprende, la desconcierta. El hombre apresurado y el hombre lento morirán los dos, sí, pero el hombre lento habrá recorrido en ese instante una distancia mucho mayor que el hombre apresurado.

Hacer siempre el esfuerzo de pensar en lo que está ante ti, prestarle una atención real, mantenida, no olvidar ni un segundo que al que o a la que hablas, viene de otro sitio, que sus gustos, sus pensamientos o sus gestos han sido formados por una larga historia, poblada por muchas cosas y por otras personas que tú nunca conocerás. Acordarte siempre de que al que o a la que miras no te debe nada, no forman parte de tu mundo, no hay nadie en tu mundo, ni tan siquiera tú. Este ejercicio mental –que pone en movimiento el pensamiento y también la imaginación– es un poco austero, pero te conduce al gozo mayor que exista: amar al que o a la que está ante ti, amarlo por ser como es, un enigma –y no por ser lo que crees, lo que temes, lo que confías, lo que esperas, lo que buscas, lo que quieres.

martes, septiembre 2

Fragmentos "El arte de insultar", Shopenhauer

  • El hombre un ser social. Un grupo de puerco espines se apiñaron densamente un frío día de invierno para obtener calor y salvarse de morir congelados. Muy pronto, sin embargo, sintieron las púas recíprocas, lo que los obligó a separarse de nuevo. Cada vez que la necesidad de calentarse los reunía, volvía a presentarse aquel otro inconveniente, por lo que siempre se veían arrastrados entre uno y otro tipo de sufrimiento, hasta que finalmente encontraron una moderada distancia entre ellos que les permitía soportar su situación. Así, la necesidad de vivir en sociedad, nacida del vacío y de la monotonía del yo interior, atrae a los seres humanos los unos hacia los otros; pero sus numerosos rasgos desagradables y errores imperdonables vuelven a separarlos. La distancia intermedia, que terminan por hallar y hace posibles su convivencia, viene dada por la amabilidad y las buenas costumbres. A aquel que no guarda esa distancia se le advierte en Inglaterra: ¡Keep your distance! Es cierto que esa distancia satisface sólo a medias la necesidad de obtener calor recíproco; pero al menos evita que se sienta el dolor de las púas. Quien disponga, sin embargo, de suficiente calor interno hará bien en mantenerse alejado de la sociedad, para así no molestar ni ser molestado.
  • El centro del universo. Si se le diera a cada cual a escoger entre su propia destrucción y la del resto del mundo, no necesito decir qué decisión tomaría la mayor parte de la gente. Ello demuestra que cada uno se coloca a sí mismo en el centro del universo, refiere todo a sí mismo y sopesa cualquier cosa que suceda (como por ejemplo los cambios más importantes en el destino de los pueblos) por las repercusiones que pueda tener sobre su interés, convirtiendo a estas últimas por muy insignificantes y circunstanciales que sean, en el objeto principal de sus reflexiones. … El único mundo que cada cual conoce y del que tiene noticia es el que lleva en su interior, como representación, y por eso se coloca en su centro. De ahí que cada uno sea lo máximo para sí mismo.
  • El deseo sexual. El deseo sexual, sobre todo cuando está concentrado debido a su fijación en una mujer partícula, por el enamoramiento, es la quintaesencia de la gran estafa de este bendito mundo; pues aunque es indecible, infinito y desmedido lo que promete, es muy poco lo que cumple.